Por las constelaciones del lago Titicaca

En un bus lleno de turistas, salimos de viaje! Primero llegamos a El Alto, donde vive el 10% de los habitantes del país. Luego de pasar por debajo del teleférico que comunica La Paz y El Alto, comenzamos un “eterno” paso por El Alto. Una por una, fuimos encontrando todas las congestiones del mundo. Recorrimos lentamente una de las ciudades más jóvenes en su edad, poblada de trabajadores, la mayoría de ellos Aymaras.

Finalmente salimos de El Alto y comenzamos a ver los enormes campos planos del Altiplano Andino. Desde el bus fuimos viendo una agricultura muy rudimentaria, de suelos relativamente pobres, con poca infraestructura y con las familias trabajando. Fueron apareciendo los pueblitos con sus iglesias, siempre sin saber si se trataba de templos católicos o de las nuevas iglesias evangélicas.

De pronto a nuestra derecha comenzamos a ver los picos blancos de la Cordillera Real de los Andes. Absolutamente espectacular. A medida que el bus se desplazaba hacia el lago, la cordillera creció y creció en longitud, en los tonos blancos de la nieve y en la magnificencia de la altura. No sé cuantos picos uno ve, pero son muchos. Al rato apareció a nuestra izquierda el Lago. Nos pareció enorme, pero al rato supimos que el lago que veíamos era el “lago pequeño”. Aparecieron las superficies de las montañas cubiertas de terrazas para la agricultura, las ovejas y las llamas. Y bueno, los mojones que nos indicaban que íbamos saliendo de Bolivia y entrando al Perú, pero luego regresábamos rápidamente a Bolivia y otra vez al Perú.

Llegamos al estrecho de Tiquina y todos (pasajeros y buses) pasamos en 2 embarcaciones. En una íbamos los pasajeros y en la otra iban los buses. Apenas cruzamos el estrecho nos llegó la llamada telefónica que Pablo hizo desde Venecia. Lo sentíamos como si estuviera llamando de algún pueblo vecino.

Luego fue la orinada pagando un boliviano (baños limpios y bien cuidados). Seguimos el camino. Salimos al nivel del lago (3,812 m.s.n.m.) y el bus subió y subió. Luego de cruzar la cima, comenzamos a ver la extensión del Lago, pero del lado grande. Uno no puede ver el final porque la visión se pierde en el horizonte…! Bajamos y bajamos, hasta llegar a los 3,812 del lago, pero en el pueblo de Copacabana. Luego de almorzar trucha, tomamos el bote hacia la Isla del Sol. Estábamos en las tierras viejas de los incas, las tierras que son ahora de los Aymaras. Luego de una hora de navegación, cruzamos el estrecho y llegamos a la isla. Subimos por el camino del inca hasta la fuente del agua de la eterna juventud, y … seguimos subiendo!

Fuimos encontrando más turistas, guías, llamas, burros, niños. No hay carros, ni motos, ni bicicletas! Finalmente, luego de una tremenda subida, llegamos al hostal y luego de descansar unos 15 minutos, salimos a recorrer algunos puntos interesantes de la isla. Los que alcanzásemos a ver en un par de horas, antes de que anocheciese.

La Isla del Sol es un sitio pequeño. Uno necesita unas 4 horas para recorrerla de sur a norte. Nosotros nos quedamos en el sur. Primero caminamos por alguno de ésos eternos caminos que usaban los incas. Salimos en dirección a las ruinas del templo, siempre mirando hacia el lago, algunos pocos verdes y el azul del cielo. Constanza iba con los binóculos y también tomando fotos. En el camino encontramos una señora Aymara llamada Giovanna, quien junto con su hija vendía pequeñas totoras. Compramos la Ra II, con una bandera japonesa en su velamen. En una totora boliviana Thor Heyerdhal (zoólogo, botánico y geógrafo sueco) y otros tripulantes, cruzaron el Atlántico, partiendo de Marruecos y llegando a Barbados. En 1970, en una bella totora demostraron que los indígenas de aquellos tiempos inmemoriales cruzaron los grandes océanos y contactaron otras culturas .

La totora

La totora

Finalmente llegamos a las ruinas del antiguo templo inca. Bastante pequeño, pero muy rico en detalles: los muros en piedra, los portones completos, así como también el interior de las habitaciones. Una esquina, dos esquinas y tres esquinas construidas en los tres lados de cada portal indicaban la importancia del inca que lo habitaba. Había sacrificios. Las puertas están al frente de la salida del sol. La puerta más grande se abre hacia el nevado Illampu como homenaje al gran Achachila (espíritu superior) de la montaña.

Regresamos hacia nuestra posada, pero desviamos hacia la izquierda, para subir (otra vez!) hasta el punto más elevado donde hay un observatorio desde donde se divisa todo el lago. Belleza pura. Regresamos casi a oscuras y pasamos por una callecita llena de los restaurantes más especiales que uno pueda imaginar. Sencillos, bien abrigados, con vista al lago. Nuestro guía tomó café, Constanza tomó té y yo tomé un tri-mate (flores de manzanilla, semillas de anís y hojas de coca).

Internet - cima de Isla del Sol

Internet – cima de Isla del Sol

Fue un buen rato para conversar sobre el lago y los Aymaras y toda su simbología. Yo pregunté a Juan por qué los Aymaras habían adoptado la cruz dentro de sus símbolos. Yo había hecho un montón de interpretaciones que ligaban la cruz de los Aymaras con la llegada de los españoles, la influencia de la religión católica y la relación con los jesuitas, carmelitas y un largo etc. Juan me dijo que la cruz no tenía nada que ver con ello. Nos explicó que se trataba de la cruz que hacen las estrellas en el sur, que definen una serie de símbolos de la vida individual y comunitaria y de su relación con el tiempo, las estaciones y la agricultura.

La cruz define el aquí y el ahora de la vida (un conocimiento Zen!) de cada uno. Los elementos verticales definen tres niveles que apuntan de la oscuridad total, elevándose hacia la iluminación. Las diagonales conectan con fechas específicas del ano, vinculadas con la mejor práctica de la agricultura. La cruz del sur, la Chakana no tiene nada que ver con el cristianismo. Tiene que ver con las estrellas y el firmamento y con los giros de la tierra en medio de las estrellas. Son cerca de 4 mil anos de existencia y el puente siguiendo la fuerza de la luz. Finalmente pregunté por qué el centro de la cruz estaba vacío (no hay material!) y Juan me dijo que en el centro está cada uno de nosotros, lo desconocido, definiendo el aquí y el ahora. Nos fuimos a dormir.

Nosotros íbamos felices porque iba a ser una noche en el silencio del lago y con la oscuridad de la lejanía. Todo fue muy diferente! Mientras íbamos calentando las cobijas, comenzaron los relámpagos y unos 10 segundo después llegaban los estruendos de los truenos. Nos dormimos en medio de la tormenta y al madrugar la tormenta estaba del lado del amanecer. Nos levantamos temprano para ver como cambiaban los colores. De un negro intenso, pasamos a una combinación entre negros y grises donde fue apareciendo la Isla de la Luna. Un rato después fueron apareciendo tonos azules en el cielo y algunos tonos verdes
por las orillas.

Al día siguiente madrugamos para regresar a Copacabana y luego a La Paz. El viaje en lancha a Copacabana fue rápido. Luego de dejar nuestros corotos en el sitio donde almorzaríamos, nos fuimos a recorrer calles y sitios de este pueblo que es famoso por su Virgen de Copacabana. Primero recorrimos los mercados callejeros. Luego llegamos a la Basílica de Copacabana, cuyos altares católicos fueron iniciados por los dominicanos hacia 1534. Los católicos decidieron instalar sus altares donde estaban ubicados los templos incas, y la cosmovisión andina cedió su espacio a la iglesia católica.

Hacia 1582, el nieto de Manco Kapac quedó impresionado por varias imágenes de la virgen que vio en La Paz y decidió hacer una desde su propia perspectiva que no fue del gusto de las jerarquías católicas. Hizo numerosos ensayos y siempre falló. Que la piel de la virgen era morena, que miraba hacia abajo y no hacia arriba, etc., etc. Finalmente las jerarquías la aceptaron y se convirtió en el epicentro de un bello templo religioso al que llegan gentes de diferentes creencias. Copacabana se convirtió también en el centro de celebraciones indígenas, que siguen con su cosmovisión andina (la cruz del sur que mencioné antes), pero que le han abierto un espacio dentro de sus creencias, a la virgen. Esta virgen boliviana dio origen al sector de Copacabana en Río de Janeiro (donde llevaron una copia de la virgen del nieto de Manco Kapac).

La Virgen de Copacabana

La Virgen de Copacabana

Fue impresionante ver el desfile de carros que llevan sus dueños para que sean bendecidos por sacerdotes de la iglesia. La bendición de cada carro, o del motor o de los amortiguadores ocurre después de que el objeto ha sido adornado con papeles de colores y con flores, luego de que ha sonado la pólvora. Es un evento importante para los propietarios de los vehículos. Participamos en el inicio de una misa en la que los cantos se hicieron en Aymara, y luego fuimos a un templete pequeño donde Constanza prendió una vela.

Todos oramos

Todos oramos

Este fue nuestro viaje por estas tierras sagradas de los incas y los Aymaras. Curiosamente las totoras nos acercaron al Asia, a los idiomas de los turistas y los de la población indígena, a los colores grises y brillantes del amanecer luego de la tormenta. Las visitas me dejaron una rica bibliografía de autores a consultar, para entender mejor lo que allí pasó. Unos más antiguos como Bartolomé de las Casas y Juan de Bentanzos, y otros navegantes más recientes de las totoras como Thor Heyerdaal.

A vuestros pies, madre

A vuestros pies, madre

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