Rest in the height

Samaipata is a word in Quechua meaning Rest in The Height. It is a geographical and melting pot of three main eco systems: Amazons, Chaco and Andes. Original cultures from these places began to meet in Samaipata before the Spanish landed in the continent in 1492.

Called by the Spanish “the fortress”, it was declared cultural patrimony of humanity in 1998. It’s a huge black carved rock dedicated to ceremonies and to administration. It is 65 metres wide and a bit longer than 220 metres. It is all covered by carvings: representations of animal forms, geometric patterns, alcoves, a channelling system. All of them hold significant magical and religious meaning, carved with extreme precision.   It shows advanced hydraulic systems linked to purification and fertility rituals; idols worshipping animals as representatives of their gods and goddesses and a calendar. The administrative are includes watch towers, agricultural land, military camps and a market.

When we got to the Fortress, we requested Lenny to be our guide. Lenny is a pacena (from La Paz), 62 years old, who was living with an American, when he died because of cancer.  Her husband did not want to marry her and she was left without any money or pension and now she is guiding tourists.  She told us about how air, earth, fire and water were the key elements of the Mohos, Guaraníes or Incas coming to the rock. With her finger, Lenny showed us the route followed by ‘el Che’ and the disappointment that he generated among local groups.

Lenny telling us about el Che

Lenny telling us about el Che

When we got to ‘the Fortress’, she explained about the Tawantinsuyo (Inca empire) and the 4 geographical directions Chinchay suyo (North), Anti suyo (East/Amazon jungle), Colla suyo (South) and Conti suyo (West). It was amazing watching the carved black rock and the 4 regions coming together. The place is planted with beautiful bromeliads since the Inca times.

The black rock plays with the surrounding landscape and with the shade it generates inside and outside the rock. We could see hundreds (or thousands?) of carvings: The rock contains carvings of jaguars, cats, snakes and other animals as well as several deep pits and long grooves and channels presumably used to circulate and store water. You can see them all! At the top of the stone there is a circle of 12 seats with a set of 3 seats in the middle. Locals call this the “Coro de los Sacerdotes” or “Choir of Priests”.

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From the top of the rock we were able to watch the Tambo (place for people to live in) and the Kallanka, largest type of building built by the Incas. Close to the Tambo and the Kallanka we could see the huge plains that were dedicated to agriculture. The “fortress” is one of the largest ritualistic places in the world.

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In the pre-Columbian times, because of religious reasons, the Samaipata Fortress was visited by indigenous people from the Guaranies, Incas and the Amazons. Now Samaipata has dwellers from many nationalities from all over the world, and the number of visitors per day keeps increasing.

Samaipata is just two hours from Santa Cruz. Will you visit it?

Devoré dos Pacús en Yapacani

Han probado Ustedes el Pacú? Yo lo probé ayer por primera vez!

La experiencia fue muy especial porque se trata de peces de agua dulce ‘cultivados’ por una asociación de mujeres del norte del Chore, cerquita de Yapacani, al noroccidente de Santa Cruz. Cuando salimos de Santa Cruz con rumbo a Yapacani, yo pensé que se trataba de otro de ésos proyectos utópicos que pretenden cambiar el mundo a partir de alguna idea brillante del nivel veredal, apoyada desde una ONG brillante. No fue así.

Todos por la sombrita

Todos por la sombrita

Hoy Sonia y sus compañeras decidieron invitarnos a almorzar. Colocaron los pacúes dentro del horno y los pescados se cocinaron en su misma grasa. Una vez que estaban dorados, los acompañaron de arroz y de papa. Deliciosos! Mientras disfrutábamos del almuerzo, aprovechamos para conversar y para conocer mejor de sus experiencias. Ellas nos fueron contando su historia.

La asociación de mujeres existe desde hace unos 4 años, una ONG les asesoró sobre cómo criar el pescado pacú en estanques cavados sobre la arcilla del suelo y llenados con agua de lluvia. Allí colocan los alevinos y ahí mismo crecen hasta lograr más de 10 kilos. A lo largo del año, mediante redes, las mujeres van mirando como madura su ‘cosecha’ y venden los pacúes más grandes en las calles de Yapacaní. También los venden a restaurantes de todo tipo. Desde los bien pequeñitos, hasta llegar al Palacio del Pacú que vende varios cientos de kilos por semana.

Durante la visita fuimos encontrando a Paulina, a Sonia y otras mujeres. Todas han sido campesinas que se aventuraron en el negocio de los pacúes! Venciendo la inercia o los temores de sus esposos (“Ay mija que van a decir los vecinos o los amigos cuando las vean vendiendo pescado en la calle”), ellas se lanzaron y cuando demostraron con cifras la productividad del negocio, los esposos y el resto de la familia decidieron apoyar.

Senora vendiendo Pacú y Sábalo

Senora vendiendo Pacú y Sábalo

Cada familia hace sus pozos en las fincas, y estos tienen entre 20 – 30 metros de ancho, entre 100 y 200 metros de largo, y hasta 5 metros de profundidad. Ellas y sus familias han aprendido sobre el manejo vivo de disciplinas como la agricultura (han creado ricos ambientes alrededor de cada pozo), el controlar la vida de los peces desde alevinos hasta que pesan 10 kilos; alimentación, control de enfermedades; armar un hábitat adecuado y luego… todo el mercadeo externo. Dedicarse a criar pacúes no significa que abandonen sus estudios o profesiones. La presidenta de la Asociación tiene 8 pozos y es una enfermera activa.

El pacú se alimenta de productos que quedan suspendidos en la superficie del agua. No busca alimento del fondo de los pozos, que tiende a podrirse. Actualmente avanzan hacia el ‘policultivo’, o sea la producción de más de una especie, añadiendo otra de menor tamaño, como es el “sábalo”. Ambos son nativos de la región amazónica y su producción conjunta mantiene una mejor calidad del agua. Son los mismos vecinos quienes se han hecho cargo de adiestrar a sus vecinos, de manera que la producción y el conocimiento siguen creciendo.

Cuando vi las experiencias que han desarrollado las mujeres, no me quedó la menor duda de que han logrado una experiencia que se convertirá en política pública importante. Ellas están produciendo 412 toneladas de pacú y de sábalo por año. Se trata de producción agroecológica de proteína animal de manera eficiente (intercambio de calor mínimo con el medio), con incidencias importantes en la seguridad alimentaria. Tendrá un impacto importante sobre la adaptación frente al cambio climático, y se convierte en una fuente de ingresos permanente y estable que fortalecerá el rol que juegan las mujeres en esta región.

Ya comiste pacú o sábalo?

Paulina y sus nietos al frente de uno de los pozos

Paulina y sus nietos al frente de uno de los pozos