Dónde están mis medicinas?

La verdad es que ahora quería completar mis notas sobre nuestras seis semanas en Richmond, pero ayer fué tal la experiencia en materia de salud para las personas mayores, que preferí darle prioridad a Bogotá. Aprovechando el rico sol, ayer caminé para encontrar a Mireya, mi suegra para ir juntos a recoger sus medicinas en Sanitas. Allá estaba ella en la puerta, esperándome en su silla de ruedas. Le pregunté que qué tan lejos quedaba. Me dijo que era cerquita, a un par de cuadras. Aunque ella no llevaba sombrero y el sol abrasaba, me pareció chévere asolearnos y arrancamos!

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Salimos de Entorno y entramos por un parqueadero de algún super-mercado vecino. Pasamos por entre frascos y paquetes del super-mercado y salimos a la Avenida 19. Luego, en la esquina, me indicó de doblar a la izquierda y tomar la ciclo-vía. Ella iba muy feliz. A mi me pareció sensacional ir caminando con ella al lado de todas las bicicletas que iban y venían.Yo me dije “Bogotá cómo ha de avanzado!”, pues realmente la red de ciclo-vías es impresionantemente buena.

Seguimos caminando y comencé a sentir algunas dificultades. En cada cruce de calle hay rampas, pero las rampas no conectan bien con el pavimento y manejar la silla de ruedas en los cruces no es un asunto fácil. Bueno, hice el mejor de mis esfuerzos y logré conectar, uno por uno, todos los cruces.

Entonces el siguiente lío era cómo “disputar la via” yo, con mi cabello blanco, empujando la silla de ruedas de una senora de más de 75 anos, con los carros y motocicletas que quieren cruzar a toda velocidad. Me sentía como si yo fuese en una bicicleta, participando en algún circuito de carros de la Fórmula 1!

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Y bueno, pregunté, “cuánto nos falta para llegar?” Ella me dijo que … un par de semáforos. Un par de semáforos? Caminamos un total de unos 2 kilómetros (!) hasta encontrar la farmacia Sanitas (operadora nacional de salud). Allí, un senor muy amable entregó las medicinas, sin revisar ni el carnet de afiliacion ni la cédula de identidad. La receta médica fue más que suficiente.

Luego de otros dos kilómetros de las aventuras del regreso, nos sentamos a comer helado de fresa (ella) y una limonada sin azucar (yo). Compramos dos bunuelos que ella quería llevar a sus amigas y regresamos.

Son evidentes los avances en materia de vías y de ciclo-rutas de Bogotá, pero me pareció TOTALMENTE ABSURDO que Mireya, con su edad y en estado de incapacidad, recorra dos kilómetros para recoger las medicinas sin las cuales no podria vivir. La respuesta de Sanitas (operadora de salud) irá en otro blog!.