Lechugas hidropónicas verticales

Fué fantástico conocer la experiencia que ha desarrollado Richard Ovalle en la vereda de Fagua, en Chía. Conocimos a este ingeniero mecánico por medio de Gladys Serna, desde la UMATA, Secretaría de Desarrollo Económico. Toda la instalación se encuentra a pocos metros de donde tiene su huerta casera Adela Cifuentes y su familia, socia de HortiAroma Chiguata.

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Durante los últimos 8 meses Richard se puso a la tarea de montar el prototipo del invernadero que está en la foto, y ha puesto en operación permanente dos de los 5 ramales productivos, que ya están produciendo lechugas de diferentes edades. Cada ramal produce unas 500 lechugas y el invernadero hecho en PVC y polietileno tiene capacidad para cinco ramales.

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Desarrollar la instalación presentó numerosos problemas. Unos de los que logré captar en la conversación fue seleccionar el tamaño adecuado de la instalación. Esta es una instalación grande, productiva y de bellos colores. Un segundo problema tuvo que ver con las elevadas temperaturas, que llevaron a desarrollar las ventanas que se muestran en la foto.

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Otro problema fue la instalación hidráulica, de manera que el cultivo vertical tenga un suministro de agua y alimento permanente. Es fabuloso ver el sistema hidráulico que distribuye agua cada 8 minutos, que es alimentado mediante la torre vertical (ver foto), y que es dosificado mediante una “caja electrónica” diseñada junto con el hermano de Richard. La caja tiene la capacidad de tomar energía de la red eléctrica de Chía, o del panel solar (mediante el uso de un inversor 12VC/110 VAC) que está instalado encima del pequeño taller que han desarrollado.

Una vez alimentadas las lechugas, el líquido rebosa y cae al piso, donde es reunido por una red subterránea, que reune el agua en un tanque, listo a alimentar el siguiente bombeo. La “caja electrónica” tiene capacidad de transmitir mensajes de texto, indicando las etapas que se encuentran operando.

Es sensacional ver cómo Richard y su hermano lograron desarrollar un sistema productivo adecuado para un medio urbano, que tiene la capacidad de tomar energía solar (o la de la red) para mover el circuito de aguas lluvias y desarrollar permanentemente unas 2,500 lechugas.

Nuestras felicitaciones van para Richard y su hermano. Necesitamos ahora ser capaces de replicar el modelo, de ensayar otros vegetales y, obviamente, de lograr buenos mercados de comida de buena calidad !

Juana Inés de Asbaje

Aprendiendo a través de Netflix sobre los bellos poemas escritos por Sor Juana Inés de la Cruz, desde una clausura, en México acerca de los hombres. Texto tomado del Album Ap Spanish Lit and Culture

HOMBRES NECIOS QUE ACUSÁIS

Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis.

Si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
¿por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?

Combatís su resistencia
y luego con gravedad
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia.

Parecer quiere el denuedo
de vuestro parecer loco
al niño que pone el coco
y luego le tiene miedo.

Queréis con presunción necia
hallar a la que buscáis,
para pretendida, Tais,
y en la posesión, Lucrecia.

¿Qué humor puede ser más raro
que el que, falto de consejo,
él mismo empaña el espejo
y siente que no esté claro?

Con el favor y el desdén
tenéis condición igual,
quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si os quieren bien.

Opinión ninguna gana,
pues la que más se recata,
si no os admite, es ingrata,
y si os admite, es liviana.

Siempre tan necios andáis
que con desigual nivel
a una culpáis por cruel
y a otra por fácil culpáis.

¿Pues cómo ha de estar templada
la que vuestro amor pretende,
si la que es ingrata ofende
y la que es fácil enfada?

Mas entre el enfado y pena
que vuestro gusto refiere,
bien haya la que no os quiere
y queja enhorabuena.

Dan vuestras amantes penas
a sus libertades alas
y después de hacerlas malas
las queréis hallar muy buenas.

¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada:
la que cae de rogada
o el que ruega de caído?

¿O cuál es más de culpar,
aunque cualquiera mal haga:
la que peca por la paga
o el que paga por pecar?

¿Pues para qué os espantáis
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
o hacedlas cual las buscáis.

Dejad de solicitar
y después con más razón
acusaréis la afición
de la que os fuere a rogar.

Bien con muchas armas fundo
que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesa e instancia
juntáis diablo, carne y mundo.

Trans.

Silly, you men-so very adept
at wrongly faulting womankind,
not seeing you’re alone to blame
for faults you plant in woman’s mind.

After you’ve won by urgent plea
the right to tarnish her good name,
you still expect her to behave—
you, that coaxed her into shame.

You batter her resistance down
and then, all righteousness, proclaim
that feminine frivolity,
not your persistence, is to blame.

When it comes to bravely posturing,
your witlessness must take the prize:
you’re the child that makes a bogeyman,
and then recoils in fear and cries.

Presumptuous beyond belief,
you’d have the woman you pursue
be Thais when you’re courting her,
Lucretia once she falls to you.

For plain default of common sense,
could any action be so queer
as oneself to cloud the mirror,
then complain that it’s not clear?

Whether you’re favored or disdained,
nothing can leave you satisfied.
You whimper if you’re turned away,
you sneer if you’ve been gratified.

With you, no woman can hope to score;
whichever way, she’s bound to lose;
spurning you, she’s ungrateful—
succumbing, you call her lewd.

Your folly is always the same:
you apply a single rule
to the one you accuse of looseness
and the one you brand as cruel.

What happy mean could there be
for the woman who catches your eye,
if, unresponsive, she offends,
yet whose complaisance you decry?

Still, whether it’s torment or anger—
and both ways you’ve yourselves to blame—
God bless the woman who won’t have you,
no matter how loud you complain.

It’s your persistent entreaties
that change her from timid to bold.
Having made her thereby naughty,
you would have her good as gold.

So where does the greater guilt lie
for a passion that should not be:
with the man who pleads out of baseness
or the woman debased by his plea?

Or which is more to be blamed—
though both will have cause for chagrin:
the woman who sins for money
or the man who pays money to sin?

So why are you men all so stunned
at the thought you’re all guilty alike?
Either like them for what you’ve made them
or make of them what you can like.

If you’d give up pursuing them,
you’d discover, without a doubt,
you’ve a stronger case to make
against those who seek you out.

I well know what powerful arms
you wield in pressing for evil:
your arrogance is allied
with the world, the flesh, and the devil!